Construir un mundo mejor para los niños es un deseo compartido por muchos padres. En Chou du Volant, esto comienza desde la infancia, comprándoles juguetes respetuosos con el planeta y con las personas. Los juegos y juguetes no son solo fuentes de distracción o diversión para los más pequeños. Al ofrecerles juguetes fabricados de forma responsable, que fomentan la cooperación, la diversidad o estimulan la curiosidad, se moldean sus valores y la visión del mundo que tendrán en el futuro. Pero, ¿qué significa realmente un mundo mejor? ¿Cómo preparan los juguetes infantiles para un mundo más sostenible, más justo y más respetuoso? Hablaremos de ello a continuación.
Es una sociedad en la que nuestros hijos crecen en perfecta armonía con la naturaleza. Esto significa ciudades más verdes, aire puro, agua limpia y bosques, océanos y suelos sanos. Y también recursos naturales gestionados de forma sostenible, una reducción de los residuos y la contaminación. La crisis ecológica actual pone de manifiesto la urgencia de cuidar nuestro planeta. Este compromiso ecológico es una inversión directa para un mayor bienestar y una mejor salud física y mental para grandes y pequeños.
En un mundo mejor, la paz y la benevolencia son, evidentemente, el núcleo de las relaciones entre las personas. En lugar de competir entre ellos, los niños pequeños aprenden a cooperar, a compartir y a resolver los conflictos de forma pacífica. También aprenden a expresar sus emociones, a escuchar las de los demás y a desarrollar más su capacidad de empatía. Al fomentar esto, se construye un futuro en el que crecerán en un clima de seguridad emocional y social. Esta visión del mundo permite prevenir muchos problemas sociales y construir una comunidad más solidaria.
También es un mundo en el que cada persona es respetada y valorada por igual, independientemente de su edad, raza, género u origen social. Es una sociedad que ofrece igualdad de oportunidades a todos y que lucha sin descanso contra todo tipo de discriminación. Al crear esto, ayudamos a nuestros hijos a crecer bien, a aprender la tolerancia, la benevolencia y la solidaridad. Evidentemente, esto pasa por la educación desde una edad temprana, y también por los juguetes y juegos que les ofrecemos.
Es un mundo que valora la educación en todas sus formas. En nuestra opinión, debe tener como objetivo revelar el potencial de cada niño y ayudarle a descubrir sus pasiones y sus deseos. Debe desarrollar su curiosidad, su imaginación, su creatividad y su espíritu crítico. La educación no puede limitarse en modo alguno a las notas o al rendimiento académico. Implica crear espacios de aprendizaje en los que los bebés y los niños se sientan libres de explorar, hacer preguntas, probar cosas nuevas y cometer errores sin miedo a ser juzgados. En nuestra opinión, una educación benevolente y enriquecedora es esencial para formar a los individuos autónomos y seguros de sí mismos del mañana.
También llamados ecológicos, son ante todo juguetes respetuosos con el medio ambiente. Desde su diseño hasta su fabricación, comercialización y uso por parte de los niños. Los juguetes ecológicos tienen una huella de carbono y una huella ecológica limitadas. Son objetos saludables para las personas. Tanto para quienes los diseñan y fabrican como para los niños que juegan con ellos. No liberan sustancias peligrosas y perjudiciales para la salud a lo largo de los años. Además, son duraderos, lo que significa que son robustos, sólidos y solo se desgastan a largo plazo. Están fabricados con materiales de calidad, renovables y reutilizables. Son juguetes fabricados lo más localmente posible. Recorren una distancia menor para llegar a las manitas de los bebés y los niños. Por último, son juguetes éticos. Cumplen con estrictas normas en materia de condiciones de trabajo. Garantizan el respeto de los derechos humanos.

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Al elegir un juguete ecológico, transmitimos valores importantes a los más pequeños desde una edad temprana. Les enseñamos que es posible tomar decisiones que tienen un impacto positivo en el planeta. Que es posible divertirse de forma respetuosa, solidaria y justa. Esto les ayuda a despertar, a crecer siendo conscientes de la importancia de sus actos y de su responsabilidad hacia la sociedad.
Todo lo contrario que los juguetes de plástico no reciclables, no sostenibles, de baja calidad, irreparables, de uso limitado, que se quedan obsoletos rápidamente o que pierden su atractivo lúdico cuando el niño crece. Todos estos objetos para bebés y niños fomentan el despilfarro y la idea de que pueden sustituirse rápidamente sin consecuencias. Los fabricantes de juguetes tienen hoy en día una mayor responsabilidad.
Promueven la inclusión y la diversidad de representaciones, para que cada niño pueda reconocerse y sentirse plenamente valorado. Se trata, por ejemplo, de muñecas, figuritas, disfraces, peluches y peluches para bebés con diferentes morfologías y colores de piel. O bien libros ilustrados con personajes de diversos orígenes, géneros y capacidades físicas y mentales.
Todos los juguetes inclusivos sensibilizan a los niños sobre la diversidad. Les muestran que es una fuente de enriquecimiento más que de división. Fomentan la apertura mental, la aceptación del otro y desarrollan la empatía, la tolerancia y el respeto. Todos ellos son valores indispensables para un mundo armonioso y solidario. Al contrario que los juguetes estereotipados y basados en el género, que limitan las posibilidades y las aspiraciones y encasillan en un rol predeterminado.
Invitan a los niños a jugar juntos y a unir sus fuerzas para alcanzar un objetivo común. Los juguetes cooperativos son una forma excelente de reforzar los valores de compartir, ayudarse mutuamente y la solidaridad. Desarrollan habilidades sociales y emocionales como la escucha, la paciencia y la empatía, que serán útiles tanto en la vida personal como en la profesional.
Es evidente que un mundo mejor se basa en la capacidad de cada uno para resolver los conflictos de forma pacífica y constructiva. Por lo tanto, es esencial ofrecer a los niños pequeños objetos de estimulación que valoren el diálogo, la ayuda mutua y la solidaridad. Al contrario que los que incitan a la violencia o a comportamientos agresivos, como pistolas, espadas u otras figuras guerreras. O los juegos competitivos en los que solo hay un ganador y uno o varios perdedores. Estos pueden dar la impresión de que la violencia o la agresividad son medios normales para resolver conflictos.
Estimulan el aprendizaje y desarrollan habilidades específicas, por ejemplo, en matemáticas, ciencias, historia o lectura. Los juegos de experimentación, como los kits de ciencias y los kits de bricolaje, despiertan el interés de los niños pequeños, los jóvenes y los adolescentes por los fenómenos naturales, mostrándoles cómo funciona la naturaleza. Les permiten hacer preguntas y buscar respuestas por sí mismos sobre el mundo que les rodea. Esta curiosidad y este deseo de aprender son cualidades importantes para comprender los retos del mundo moderno y aportar soluciones innovadoras. Y para convertirse en ciudadanos informados, autónomos y responsables que contribuyan a un mundo mejor.
Estimulan la creatividad y la imaginación al permitir que los pequeños se expresen libremente y desarrollen sus ideas, sus preferencias, su personalidad y su propia visión del mundo. Ya se trate de juegos de construcción, rompecabezas, manualidades creativas o conjuntos artísticos, les proporcionan elementos para inventar, crear y pensar fuera de los marcos establecidos. Un niño que juega con bloques de construcción puede, por ejemplo, construir una ciudad imaginaria. Esta creatividad es fundamental para construir un mundo mejor. Porque forma a personas capaces de innovar, resolver problemas y aportar soluciones originales a los retos del futuro.
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